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Cultura, ciencia y sociabilidad en Las Palmas de Gran Canaria en el siglo XIX

Cultura, ciencia y sociabilidad en Las Palmas de Gran Canaria en siglo XIX. El Gabinete Literario y El Museo Canario

Mari Carmen Naranjo Santana [prólogo: Francisco Olledo Lobato]. Historia contemporánea. 1 Edición. 2016 cartoné. 17x24 cm. 536 p. ISBN: 978-84-945587-5-7

La sociabilidad del XVIII, como actividad del hombre ilustrado, preocupado por el bien público, significaba la máxima expresión de civilización. Esta preocupación por la felicidad colectiva será la virtud que modela al hombre ciudadano, que se expresará con libertad creciente en academias e instituciones públicas. La patria se configurará como el espacio de proyección de ese bien común, concepto que surge en el siglo XVIII como consecuencia de la identificación de la comunidad con la misión social del ciudadano, y que irá más allá que la antigua obligación política del súbdito del Barroco, que asumía el servicio al rey como la defensa de la diversidad de naciones que constituía el legado patrimonial de la monarquía.
El sostén de esa preocupación colectiva será la burguesía, ahora empeñada en la configuración de agrupaciones con esa vocación última de servicio a la felicidad del público. Serán por tanto concebidas para el ejercicio de gustos y opiniones propias, donde se desarrolla una definitiva conciencia de individualidad, por encima de la antigua adscripción a modelos y estamentos. La tendencia de esas sociedades será a la igualación, y a la toma de decisiones con intervención de sus socios o miembros. Así surgirán cafés y clubes, en el ámbito de la esfera pública cuyo protagonismo en el proceso menciona Habermas, y, además, tertulias, academias y sociedades, creadas por sabios, aristócratas o comerciantes y alentadas por la Corona.
Las academias serán los centros que se crean y difunden por toda Europa durante el XVIII. Su misión será la extensión del saber y el desarrollo de una cultura erudita con una amplia referencia al mundo clásico. Habrá academias de índole literaria y artística, tal como las academias de bellas artes, algunas de las cuales recibirán en distintos países el patrocinio regio y la capacidad de controlar las artes y asumir el desarrollo de su docencia. En las academias literarias se hará una difusión del saber científico e histórico, sostenido también por las sociedades de ciencia, Antigüedades o geográficas que aparecen en Europa y que financiarán expediciones y viajes de investigación hacia otros lugares del globo, en un mundo cada vez menos incógnito.
La cultura se divulga a través de una inquietud libresca, que tendrá su proyección social en la creación de bibliotecas públicas, en muchas ocasiones con fondos procedentes de la exclaustración de conventos, donde se unía la aspiración al saber como vehículo de progreso con la misión de servicio a la comunidad. La expansión de la lectura se beneficiará por la aparición de una cultura de la opinión y el desarrollo de la prensa. La extensión del gusto artístico, vinculado a un conocimiento ortodoxo de cariz racional, pero también dependiente, según la estética de la época, de una capacidad de percepción individual anterior a la vigencia de los razonamientos aprendidos para el juicio de lo artístico y la captación de la belleza, hizo posible la apertura al gran público de la crítica artística. También con ello a la idea de divulgar la razón artística y desarrollar la sensibilidad mediante la exposición de bienes culturales en los Museos, ámbitos donde el destino de la exhibición de estas colecciones tenía por tanto un marcado carácter formativo y destinado a favorecer el progreso público.
En el XIX la cultura burguesa, extendida en las ciudades, y en especial en las pertenecientes a zonas del país donde se había experimentado cierto desarrollo económico basado en el comercio y en una incipiente industria, explicitará esta sociabilidad en determinadas entidades. Así, en los Liceos, Ateneos y Casinos la burguesía encontrará su propia dinámica mediante el espíritu de pertenencia y la toma de decisiones pretendidamente igualitaria de sus socios. Serán por tanto, espacios para la convivencia y el diálogo, fomentado por la libertad de sus miembros y la toma de decisiones mediante votación. La expresión del éxito personal, el fomento del trabajo, y la aparición de un excedente en el tiempo cotidiano que permite la actividad recreativa explica la aparición de este tipo de sociedades. Como se indica en el discurso de inauguración del Liceo de las Palmas, citado por María del Carmen Naranjo Santana, se trataba de promover un ideal individual completo del hombre "moral en sus costumbres y decoroso en sus palabras", de acuerdo con una idea de sociabilidad que se entendía consecuencia de la voluntad divina, y donde se promovía el desarrollo de la tolerancia, frente a la amenaza de demagogos y oligarcas. Precisamente uno de los pilares de esta visión del individuo estará depositada en la idea de formación y deleite, aquel que permite el ocio burgués, que en la ciudad tiene su lugar de esparcimiento en las plazas, parques y alamedas, y que tendrá una traslación lúdica en los teatros literarios y en los espectáculos musicales. Junto a estas actividades, algunas de estas sociedades tomarán para sí el fomento de la divulgación de los conocimientos humanísticos y científicos, especialmente con la difusión de las disciplinas y métodos experimentales; la identificación del progreso material con la felicidad humana se expresará en estas sociedades en el fomento de exposiciones y exhibiciones, donde los nuevos saberes y su aplicación tecnológica son presentados a la sociedad.
No es de extrañar que sea Canarias una región especialmente propicia para el desarrollo de esta sociabilidad burguesa. Su condición de paso obligado en el tráfico intercontinental propició la aparición desde finales del XVIII de una clase urbana acomodada, que recibe los rendimientos del comercio, la producción agrícola destinada a la exportación y en general, la posición de las islas como estación de servicios del tráfico marítimo.
La ciudad de Las Palmas verá nacer diferentes sociedades y colectivos, especialmente desde la década de los años cuarenta del siglo. Entre ellos el Liceo, fundado en 1854, o el Ateneo de las Palmas, en 1880, paralelo en su gestación al de la Sociedad El Museo Canario. La autora del trabajo, la Doctora María del Carmen Naranjo Santana, centrará su investigación en dos importantes ejemplos que han perdurado hasta hoy día: El Gabinete Literario, surgido en 1844, y el Museo Canario, paradigma de los cambios experimentados por este tipo de sociedades en la segunda mitad del siglo, creado en 1879.
Es interesante observar cómo la vida de las instituciones se proyecta de manera compleja, más allá incluso que las aspiraciones de sus miembros fundadores. En cualquier caso, son expresión de una idea de la cultura como elemento formador y con una propensión divulgativa que hace de la actividad de las instituciones, especialmente del Gabinete Canario, un palimpsesto de temas y acciones de contenido muy diverso: desde la creación de centros educativos o de la promoción de las Academias de Bellas Artes locales, a la difusión del arte local y la creación de Museo de Pinturas; de la participación en certámenes expositivos como el de Agricultura, industria y artes, a las exposiciones regionales; pasando por acontecimientos lúdicos, como la Fiesta de las Flores, o incluso las exhibiciones primigenias del cinematógrafo en la ciudad.
Por su parte, la Sociedad El Museo Canario, expone en su vida institucional una mayor relación con los aspectos científicos, en una época donde la extensión del positivismo y las ideas darwinistas comienzan a tener calado en las islas. La presencia y estudio de las islas Afortunadas por Humboldt, y posteriores estudios de los franceses Berthelot y Verneau, así como el erudito local Chil y Naranjo, desarrollaron en las islas el estudio de la antropología indígena y la arqueología. La orientación de la institución estará, pues, vinculada a los creados Gabinetes de Historia Natural y de Antropología; la dotación cada vez más relevante del Museo de la institución, así como la importancia de las labores arqueológicas de exploraciones y rebuscas, reguladas por reglamento de 1886, otorgarán una vocación cada vez más de sociedad científica a la institución, bajo el influjo del propio Chil. La seriedad de la labor de la entidad se observará en la exigencia en la admisión de socios, la participación en eventos nacionales e internacionales, la configuración de una red de corresponsales que permite engrosar los fondos de la entidad, y la publicación de la revista de El Museo Canario.
Ambas instituciones se mueven gracias a la vocación social de sus socios y miembros, con el carácter inclusivo, de igualación y de identidad individual que hemos comentado con anterioridad. Sus actividades y acciones tendrán diversos registros y contenidos, pero mostrarán una conciencia filantrópica y un orgullo colectivo de su labor que se expresa en la construcción de una imagen propia. En el caso del Gabinete, se propondría una alegoría de la institución, entendida como una roca con palmas en medio del mar, con el sol tras de ella, una identificación entre la naturaleza fértil de la isla y la fertilidad que la razón procura mediante la actividad de la sociedad. En el Museo, tras el intento de crear un sello propio, se adoptará el escudo de armas de la isla, en concreto el más antiguo de los conocidos, dispuesto en el Castillo de Santa Ana; la misión patriótica y humanitaria se exaltará también en las arquitecturas efímeras que lucen los eventos y en los adornos festivos objeto de su patrocinio. En este sentido de adopción de una imagen representativa, con su propuesta ideológica y la configuración de una iconografía ciudadana, destaca la creación de la galería de retratos de celebridades del Gabinete Literario, personajes alejados de rangos preestablecidos y adscripciones estamentales pero en donde destacan su sabiduría y actividad profesional, como es el caso de las pinturas del literato Bartolomé Cairasco, el erudito José de Viera y Clavijo, el arquitecto Diego Nicolás Eduardo, el escultor José Luján, o el profesor Enrique Hernández Rosado, cuyas imágenes se acompañaban de memorias biográficas para cada uno de ellos.
De una y otra institución, María del Carmen Naranjo Santana expone una cronología de su conformación, de sus reglamentos y acuerdos, además de sus principales actividades, que se convierte en un estudio de inevitable consulta para todo aquel que se decida por el análisis de estos colectivos en concreto, pero también de la historia de la cultura en el archipiélago. La autora estudia de manera exhaustiva los aspectos concretos del desenvolvimiento de ambas sociedades, pero también, sitúa su origen y devenir en un contexto cultural propio, que se afronta en la investigación con más que correcta soltura.
Pero además, el libro que presentamos aporta un excelente material de referencia para la profundización en aspectos transversales como puede ser el posicionamiento político de las entidades, la extensión de las corrientes artísticas predominantes en el siglo, o los orígenes de los estudios antropológicos sobre el mundo indígena anterior a la conquista de los europeos. Todo ello ha sido posible gracias al empleo de fuentes de documentación primarias, en una gran parte inéditas, procedente de los Archivos de ambas instituciones.
Destaca en este sentido la revisión exhaustiva de las actas de capítulo de ambas entidades durante el período cronológico elegido para el trabajo, aunque también todo el material relacionado con actividades y eventos realizados desde el Gabinete y la Sociedad El Museo Canario. Junto a los archivos de las dos instituciones objeto de estudio, destaca el empleo de material del Archivo Provincial de Las Palmas, así como otros como el Diocesano o el de la Sociedad de Amigos del País local. Ese empleo de las fuentes primarias ha sido complementado con un uso amplio de la bibliografía canaria del siglo XVIII y XIX, y el impacto social de las sociedades en la literatura periodística, así como las referencias empleadas para temas específicos de la historia de la ciencia en Canarias u otros contenidos más específicos.
De este modo, el presente trabajo, que fue Tesis Doctoral para la obtención del grado en la Universidad Pablo de Olavide, y Premio Extraordinario de Doctorado de aquella institución, y que tuve el orgullo de dirigir, se plantea como una revisión del papel jugado por ambas instituciones en la vida social y cultural de Las Palmas, y como un concienzudo análisis del papel concreto que jugaron ambas sociedades en el devenir de la vida burguesa del XIX. Sin duda se trata de una monografía que permite retomar y profundizar en tan diferentes aspectos de la cotidianidad de ambas instituciones, sobre los cuales esperamos cuanto antes nuevos avances en la investigación de la Doctora Naranjo, de modo que podamos incrementar el conocimiento del papel de patronazgo ejercido por las fuerzas vivas de estas instituciones, del valor que se daba a la configuración de una imagen del burgués promotor de estas obras, o de las relaciones entre los esfuerzos locales y el desarrollo científico de la ciencia moderna en la España del XIX.

Dr. Francisco Ollero Lobato
Universidad Pablo de Olavide, Sevilla


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