Mercurio Editorial

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Mujeres en la Isla

María del Carmen Reina Jiménez [prólogo: Jorge A. Liria]. Ensayo. 1 Edición. 2018 cartoné. 20x28 cm. 240 p. ISBN: 978-84-948360-1-5

La primera revista escrita y dirigida por mujeres, ve la luz en Las Palmas de Gran Canaria en Noviembre de 1953. Como suplemento femenino y en el Diario de Las Palmas, siendo su director Pedro Perdomo Acedo, se publicará hasta que logra independizarse el 1 de Enero de 1955. Dirigida y coordinada por María Teresa Prats como directora y Esperanza Vernetta como subdirectora. El equipo de redacción estuvo formado por un grupo de inquietas y renovadoras féminas de la entonces burguesía. Mercedes González de Linares, Gala de Reschko, María Paz Verdugo, María Sanginés Fumero junto a Concha Morel y Antonia Brito formaron la redacción. La publicación fue mensual, y a lo largo de diez años se llegaron a publicar 118 números. Colaboraron en las portadas (auténticas joyas con dibujos originales) Juan Ismael, Antonio Padrón, Felo Monzón, Jesús Arencibia, Santiago Santana, Pepe Dámaso, Jane Millares, Pepita Maynadé y Virginia Solalinde. En el primer número merecen destacarse los poemas “Serenidad “de Josefina de la Torre, “Mensaje a los hombres “de Pino Ojeda y ¿Hasta cuándo? de Chona Madera.

Mujeres en la Isla nace como un suplemento de Diario de Las Palmas en noviembre de 1953, pero esta vinculación se rompe en enero de 1955, apenas catorce meses después, para dar nacimiento a la extraordinaria revista que pervivirá durante 118 números y más de una década (diciembre de 1964). Una revista dirigida por mujeres y con la participación inmensamente mayoritaria de las féminas entre sus firmas. Si no se hojea, cualquiera podría pensar que es una revista más de las denominadas femeninas, pero nada más lejos de la realidad.
Su importancia cultural va más allá del género, pues sus páginas son una ventana abierta, inundadas por la luz y el aire fresco en un tiempo de corsés morales, ausencia de libertad, pobreza y, sobretodo, la congestión estranguladora de la Dictadura. Su importancia no ha sido reivindicada como se merece. En este libro, María del Carmen Reina Jiménez nos abre de nuevo los ventanales de sus páginas, con la renovada sorpresa que nos proporciona cada uno de sus artículos. Reina Jiménez rescata del injusto olvido a una revista que combatió el Franquismo con las mejores armas, la Cultura, el Pensamiento; en definitiva, la libertad. Sus hojas estaban pobladas de firmas de todo el espectro ideológico. Desde mujeres de derechas, ultracatólicas confesas del Régimen, por cierto, una minoría, a las mayores activistas culturales: republicanas, socialistas, comunistas silenciosas; o simplemente, mujeres que querían escribir de lo que pensaban y querían y lo hacían sin mayores obstáculos.

El compromiso de la autora
Mujeres en la Isla salía cada mes de la imprenta Lezcano, situada a escasos metros de la vivienda familiar de María del Carmen Reina Jiménez, por lo que para la autora de este libro no es una publicación cualquiera. Su madre y otros familiares participaron activamente en su construcción a través de textos o ilustraciones, por lo que conoció desde una edad muy temprana a las protagonistas de este milagro cultural. La deuda con este trabajo se torna doble, por lo que todas y todos se lo agradecemos, pues desde este momento se incorpora a una literatura e historia de la prensa española donde Mujeres en la Isla estaba ausente.
Algunas obras de referencia sobre la prensa y la mujer obviaron la existencia de esta revista. Como el caso de La mujer y la prensa: desde el siglo XVII a nuestros días, de Mercedes Roig Castellanos (1977). Otros estudios, financiados por administraciones públicas, como el escrito por Concha Fagoaga y Petra Secanella, Umbral de la presencia de las mujeres en la prensa española, publicado por el Instituto de la Mujer en 1987; o el editado por esta misma institución en 1989, A través de la prensa la mujer en la historia: Francia, Italia, España, siglos XVIII-XX, de Mercedes Roig Castellanos. En Mujeres de papel, de Juana Gallego Ayala, el pecado de la ausencia se repite. No nos extraña este olvido, pues es extendido en los estudios generalistas de la prensa española, donde las cabeceras canarias son las grandes ausentes.
Mujeres en la Isla es heredera, si acaso, de algunas de las publicaciones surgidas durante la II República Española (1931-1936), aunque milagrosamente nació en la oscura década de los cincuenta franquista. Por supuesto, tal como se ha expuesto no es la única publicación femenina de España, pues encontramos títulos desde 1804. Sin embargo, quizá sí es la más feminizada, pues desde su dirección hasta la mayoría de las firmas tienen a la mujer como protagonista independiente. En este grado, sí tiene ese protagonismo destacado. Para valorar convenientemente su importancia, recordemos algunas de las más destacadas publicadas en España.

Las primeras publicaciones españolas
Las primeras fueron Lyceo general del Bello Sexo y Décadas eruditas y morales de las damas, de 1804, donde el tratamiento de género reproducía todos los estereotipos y marginalidades de la época; pero la más famosa fue Correo de las Damas, miscelánea de educación y diversa literatura que, como Mujeres en la Isla, nació como suplemento de un periódico, en este caso del Diario Mercantil de Cádiz (1807). Otros títulos similares y sucesores en formato separado fueron El Correo de las Damas (1811), El Periódico de las Damas (1822), El Té de las Damas (1827), El Correo de las Damas: Periódico de modas, artes y literatura (1833-1835), El Correo de las Damas: Láminas de figurines correspondientes a dicha publicación (1833-1844), Almanaque del Ángel del hogar; dedicado a las señoritas y a las madres de familia (1835-93), etc.
Una larga lista de publicaciones de común contenido, donde la moda, la decoración, las buenas costumbres, la familia y los cánones tradicionales destinados a las mujeres poblaban sus páginas. Algunos intentaron ir un poco más allá, como La Ilusión: Periódico de ciencia, literatura, bellas artes y modas dedicado al Bello Sexo (1849-50), pero, como los anteriores, el tratamiento de la información es adaptado a las lectoras como si sus capacidades e interés fueran muy diferentes a los de los lectores. Otros mostraron una visión distinta, de moderada reivindicación, como El Defensor de la Mujer (1865) o La Mariposa: Periódico dedicado a las Señoras, especialmente, a profesoras de instrucción primaria (1866-68).
A medida que nos acercamos al siglo XX las publicaciones cambian, como Museo Literario y Artístico de Mujeres Contemporáneas (1888) o la regional Extremadura Literaria (1889); en los que los elementos culturales están más presentes. Pero uno de los saltos más llamativos con la llegada del nuevo siglo es el nacimiento de la que se puede considerar primera prensa del corazón, o prensa rosa, inscrita por los especialistas en la prensa femenina. Es el caso de Gente Conocida (1900-03).
En esta nueva centuria, La Mujer Moderna (1904), La Mujer Ilustrada (1905) o La Mujer que vive de su trabajo (1906) conforman una lista de nuevas cabeceras en las que las mujeres son tratadas como demandantes de nuevos derechos, reivindicadoras, con vida más allá de las familias y sus tareas tradicionales, tanto en lo privado como en lo público. Estas publicaciones coexisten con la creciente aparición de revistas y periódicos de corte católico destinados también a las mujeres. Por supuesto, todas estas publicaciones están dominadas por los hombres, que son quienes al final deciden lo que las mujeres deben leer, o creen que les gusta leer.

Desde la Restauración a la República
Mientras nacía Las Damas Catequistas y sus Centros Obreros (1912-27), por cierto, de larga vida, también lo hacía La Mujer y el Trabajo (1912), que en 1924 añade a su subtítulo, como revista mensual, el de Órgano de la Federación de Sindicatos Obreros Femeninos. Otras muy conocidas como Mundo Femenino (1921-1936) se adentran desde el periodo de la Restauración a la II República. Pero es en la época republicana cuando proliferan las cabeceras de muy distinto signo. Mujer: Revista semanal ilustrada (1931), Aspiraciones (1932), una revista de corte antirrepublicano que tenía como lema «Defenderemos, hasta morir si es preciso, la Religión y la Patria», o Ellas: Semanario de las Mujeres Españolas (1932-34).
Otras cabeceras fueron Orientación Femenina: Revista mensual de la Federación de Juventudes Católico Femeninas (1932-36), Libros: Revista publicado por la Residencia de Señoritas (1933), Cultura Integral y Femenina: La revista de unión social para una obra común de cultura integral y femenina (1933-34), Mujeres Libres (1934), Nuestra Academia: Publicación de la Liga Femenina de orientación y cultura (1935), Mujeres de Acción Católica (1935) y ,las más combativas, Mujeres (1936), dirigida por Dolores Ibárruri, y Mujeres Libres (1936), donde las mujeres que escribían en ella se autodenominaban anarquistas.
En plena Guerra Civil (1936-1939) continuó el nacimiento de cabeceras femeninas en ambos bandos. Emancipación (1937), Companya (1937), Mujer: Revista Mensual (1937-69), Muchachas (1937), Mujeres Libres (1938), Y. Revista de la Mujer Nacional Sindicalista (1938-46), Sembrad: Publicación mensual de la Juventud Femenina de Acción Católica de Zaragoza (1938).
Una vez concluida la Guerra Civil continúa el goteo de publicaciones de mujeres, aunque concluye la diversidad ideológica y se suceden las cabeceras católicas, de buenas costumbres, de arte, moda, cine, teatro, o las dependientes de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., como el caso de Ventanal Madrid (1946-51); o también Bazar (1947-70) revista juvenil de la Sección Femenina de F.E.T. y de las J.O.N.S. o la de Acción Católica, Cumbres (1949-57).

Publicaciones coetáneas de mujeres
Mujeres en la Isla aparece en un tiempo complicado. Su orientación es distinta a la mayoría de las existentes en la historia de España. Estamos ante una publicación única. Dirigida por mujeres y escrita mayoritariamente por mujeres, pero que excluye un trato femenino. Lo que encontramos en las páginas de esta publicación son textos y temas tratados por mujeres para cualquier lector. Mientras en España las revistas, pues no hay periódicos, entendidos como diarios, siguen la tradición anterior y están bajo el dictado moral de la Dictadura: Galas Femeninas (1951), editada por el Club Artístico Español de Peluqueros de Señoras, La Femme élégante (1952), Seria: Revista Femenina (1952), Labores de siluetas (1954), Distinción (1954), Maniquí (1954), Bella Moda y Hogar (1954), Escuela Hogar (1954-61), Marisol: Semanario de la Mujer (1954-62), Teresa: Revista para todas las mujeres (1954-77), etc.
Cuando estudiamos las cabeceras coetáneas de Mujeres en la Isla no podemos más que sorprendernos con una revista que aportó tanto en un tiempo de infierno intelectual y de libertades ausentes. Una revista que cobijó ideas diversas procedentes tanto de las Islas como del exterior. Una publicación que tuvo el mérito de sobreponerse durante 118 números mensuales en época de escaso papel, férreo control censor y desprecio a la intelectualidad femenina, considerada menor de edad.
La revista también contó con la complicidad de algunos hombres, como son los casos de Felo Monzón o los hermanos Lezcano, pero sobre todo la de las mujeres que supieron erradicar diferencias ideológicas con el sabio objetivo de aunar el esfuerzo en una publicación en la que las mujeres pusieran su voz sin complejos, mostrar sus poemas, sus críticas de arte, sus entrevistas, sus cuadros y todo aquello que consideraban de interés. Una revista que tuvo una extensión cultural en Las Palmas de Gran Canaria, pues logró salir del papel para liderar actividades ante el público.
Sin embargo, el espacio de libertad que encontraron lo imaginamos repleto de obstáculos, tanto ideológicos, como de los lógicos miedos externos. Al final de sus días, inició una campaña que pudo ser determinante para su cierre. La reivindicación para la creación de la Universidad Internacional de Canarias durante varios números y la carta que remitió la revista al ministro de Información y Turismo en agosto de 1964 parece que sacaron a la publicación de ese anonimato para las autoridades franquistas. A partir de ese momento, el declive, la crisis que amenazó la propia existencia de la imprenta Lezcano y que finalizó con esta hermosa historia de escandaloso e inteligente combate silencioso de las mujeres por la libertad contra el Franquismo, pero más por encontrar el lugar común.
No puedo más que felicitar a María del Carmen Reina Jiménez por esta iniciativa, este homenaje, tributo y estudio. Un libro que está acompañado por una exposición sobre la revista Mujeres en la Isla que se inaugura en la Casa-Museo de Colón de Las Palmas de Gran Canaria el 1 de marzo de 2018.


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