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El papel de la prensa

El papel de la prensa. Reflexiones en transición

Rafael Álvarez Gil. Ensayo. 1 Edición. 2015. tapa dura. 15x21 cm. 102 p. ISBN: 978-84-944275-6-5

"Nada será como lo era antes". Impacta encontrarse con esa frase lapidaria en un texto tan reflexivo como este libro de Rafael Álvarez Gil. Y no solo impacta, sino que abre la puerta a una pregunta para la que no tengo respuesta, que queda, por tanto, como esas películas de final abierto de la Transición española (la de 1975-1982) que tanto gustan al autor del libro y a quien firma este prólogo: ¿Qué pensarán dentro de unas décadas los analistas de la prensa ―si es que existe― cuando lean El papel de la prensa. Reflexiones en transición? Y me hago la pregunta no desde el deseo de evitar una interpretación errónea de lo que está pasando en el campo profesional de la información, y menos aún desde el temor a que el tiempo demuestre el desatino en las predicciones, sino precisamente desde el recordatorio de quienes hace veinte años,
desde hace diez y hoy mismo, en este julio de 2015 [anote el lector la fecha y al final descubrirá por qué], predijeron y predicen que la prensa en papel moriría hace quince años, hace cinco o ayer mismo. O que mañana ya no habrá periódicos en los quioscos, porque lo digital lo ha arrasado todo: hoy con las tabletas y los teléfonos inteligentes, y en breve vaya usted a saber con qué dispositivos,
o quizás sin necesidad de ellos, porque las noticias volarán en el espacio y las captaremos desde receptores incrustados en la piel como quien lleva un pendiente o un piercing (cosas más difíciles hemos visto desde que nació Internet).
Superado en este primer párrafo el capítulo de las disgresiones, avanzo al lector que tiene entre sus manos el ensayo de un apasionado del periodismo. De un politólogo, doctor en Derecho, político en el sentido griego del término, pero por cuyas venas corre el periodismo. Y ese periodismo que lo conmueve y lo agita no es el de aquel mero notario de la realidad -como se decía antes-, sino el
de quien lee con pasión y quien escribe convencido de que es preciso dotar al lector de instrumentos para que formule opiniones sólidas. Convicciones que luego igual no coinciden con las del periódico que lee, pero que acepta con deleite porque sabe lo sano que es que haya diferencia de ideas, debate y respeto entre quienes las profesan.
Desde esos parámetros, Rafael Álvarez Gil se puso manos a la obra a diseccionar qué le está pasando al periodismo. El resultado es como La noche americana, la deliciosa película de François Truffaut: si ésta era cine dentro del cine, El papel de la prensa. Reflexiones en transición es un ejercicio periodístico sobre el propio periodismo. O sobre el declive del periodismo como probablemente lo entienden Rafael Álvarez Gil y un puñado de románticos entre los que se incluye el que suscribe.
Estructurado en tres bloques, trufado de datos y de ejemplos concretos, el libro va caminando sobre las miserias del periodismo en un tiempo concreto: el de la gran crisis económica que hace que, como señalaba al principio, nada sea como lo fue antes. Y es que al tiempo que el capitalismo se asomaba al precipicio de la mayor crisis desde 1929, el periodismo asistía al progreso de la
comunicación de la mano de la tecnología, en un proceso a velocidades muy diferentes que alumbraba la gran paradoja de esta profesión: el consumo de información es mayor que nunca en la historia y el negocio es menor que nunca.
Quizás porque, como muy bien analiza Rafael Álvarez Gil, una cosa es la información y otra muy diferente es la comunicación. En la primera el periodista seguirá siendo el referente entre lo que ocurre, y un lector que acude a él para informarse de lo que pasa y para buscar referentes para sacar sus conclusiones; en la comunicación,
los mecanismos están marcados por la abundancia, o abiertamente el exceso, de datos que se entremezclan, en soportes donde la verdad y la mentira pesan lo mismo y se presentan de igual manera, donde el insulto ahoga la reflexión y donde el anonimato consentido y exaltado se convierte en patente de corso para arrinconar al que intenta hablar desde el respeto y la cordura. ¡Ah!, y un detalle nada baladí: si hay mentira, ya no estamos hablando de información, pues solo puede llamarse noticia aquello que es cierto ―o cuando menos, veraz―. No debe esperar el lector en este libro conclusiones a modo de recetario para superar la crisis del periodismo. Y no hay que buscarlas porque ya lo apunta el autor en el título: lo suyo son reflexiones. Pero es innegable que el día que aparezcan esas soluciones, será a partir en gran medida de las ideas que alumbra Rafael Álvarez Gil, en especial sobre el papel que ha de jugar la prensa en un proceso de 'repolitización' como el que vive la sociedad española.
Luego quedan otras cuestiones de calado que en algún momento habrá que abordar: ¿estamos formando a las generaciones venideras para un uso correcto de las tecnologías de la comunicación, para que sepan discernir entre la verdad y la mentira, entre el debate constructivo y la descalificación gratuita del otro?, ¿o se está fomentando la banalización de la cultura y de las relaciones interpersonales para convertirlas en caldo de cultivo para
populismos de muy variado signo?, ¿es lo mismo ver noticias que leer noticias?, ¿progresa una sociedad hacia la mejoría cuando el día que se producen grandes acontecimientos históricos, lo más visto en las ediciones digitales de los grandes periódicos es la reseña del cambio de peinado de la estrella del 'corazón' de turno?
A pesar de los muchos pesares que aborda el autor en este libro, su lectura deja un poso de optimismo. La visión romántica del periodismo que marca este ensayo no conduce al nihilismo, y no lo hace quizás porque Rafael Álvarez Gil ve una luz de esperanza precisamente en el papel de la prensa en esa 'repolitización' de la sociedad española, en esa otra Transición de la que tanto se habla
en este julio de 2015.
Y acabo recordando la fecha y con la explicación debida al lector: en el momento de escribir estas líneas, siguen desaparecidos ―presumiblemente secuestrados― tres periodistas españoles que se encontraban en zona de combate en Siria haciendo su trabajo, esto es, informando al mundo de un conflicto bélico y poniendo luz donde los bandos enfrentados solo desean que haya oscuridad.
Todo apunta a que se los llevaron para cegar esa mirada pública, porque los que disparan en los dos lados de la trinchera son conscientes del poder de la prensa, de su capacidad para remover conciencias a partir de la verdad.
Digo esto porque este doloroso hecho nos revela, desde su infinita crueldad y su odiosa crudeza, que el periodismo sigue teniendo sentido, y que lo tiene bajo la fórmula de siempre: profesionales que acuden a contar lo que pasa, que dan su visión y que ayudan a que lectores y espectadores saquen sus conclusiones. Porque, y espero que nadie se rasgue las vestiduras, en las guerras de ayer,
de hoy y me temo que en las de mañana, se secuestra o directamente se dispara contra los periodistas; nadie se lanza a la captura del community manager de turno o al webmaster de turno. Por algo será.

ÍNDICE
Prólogo, 11
Introducción, 17
Capítulo I
La prensa ante la adversidad: ¿Quién dijo crisis?, 23
Capítulo II
Los riesgos y las oportunidades: Reformatear los periódicos, 45
Capítulo III
Repensar la prensa durante la repolitización política, 67
Bibliografía, 101


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