Mercurio Editorial

El libro, el valor de la eternidad

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07/04/2013

Victoriano Santana Sanjurjo, el nuevo "cervantófilo" de las letras hispanas

Con motivo de la presentación de su último libro, El Quijote (1605) tuneado, hemos querido acercarnos a la vida y obra del escritor grancanario, Victoriano Santana Sanjurjo, doctor en Filología Hispánica, profesor de Secundaria y, según él se denomina, “cervantófilo”.

- ¿Cómo fue su iniciación en el mundo de la Literatura: venía avalado por una tradición de escritores o profesores en el entorno familiar, o amaneció en él como un despertar inesperado?

“En mi familia, tanto paterna como materna, no hay escritores y, que yo sepa, no hay docentes, salvo mi hermana Nuria; luego, empecé en la Literatura desde cero. Es cierto que mi madre es una buena lectora y que mi padre, sin estudios, cumplía con el ritual de leer el periódico del día, lo que de alguna manera me ayudó desde pequeño, fijándome en mi madre, a ver en la lectura una forma de pasatiempo y, observando a mi padre, a curiosear en los medios de comunicación escritos, que se convirtieron en una manera muy instructiva de pasar el rato.

Supongo que empecé en la literatura el mismo día, tendría 7 u 8 años, aproximadamente, en el que terminé de leer mi primera antología del Quijote y firmé, sin saber con claridad que lo hacía, un pacto de adhesión a este título y a lo que representa. El Quijote es mucho título y, a poco que uno escarbe en él y en lo que le envuelve, uno termina curioseando en otras obras; y así, poco a poco…

Fue tanto el impacto que me produjo el Quijote en su momento, que antes de empezar 1º de BUP ya me había leído la obra completa, los 52 capítulos de la primera parte (1605) y los 74 de la segunda (1615). Cuando terminé COU, tenía claro que deseaba cursar una carrera universitaria donde se abordase el estudio de la novela cervantina. Y así, repito, poco a poco…

Con el tiempo, la afición a la lectura me condujo a la escritura. Esta suele ser una evolución natural, similar a la que ocurre con los que adoran la música, que terminan componiendo sus propias melodías aunque no las transcriban en pentagramas ni las muestren jamás”.

- En su libro Exitus (Beginbook, 2010) homenajea la vida de su padre, ¿fue crucial para su vocación literaria?

“Mi padre, como señalo en la anterior pregunta, no tenía estudios, pero era una persona muy singular, con una manera de ver el mundo que me ayudó a consolidar la mía, a pesar de que en la mayor parte de los casos nuestras visiones fuesen opuestas. Mi padre no me enseñó literatura, pero me mostró, sin saberlo él, un camino para la creación literaria. En este sentido, Exitus es un gran experimento creativo donde fundí muchos géneros y di riendas sueltas a las palabras para configurar, a modo de crónica de sus últimos 55 días de vida, todo un universo de ideas vitales, filosóficas, periodísticas, literarias… Creo que es el libro más edificante de todos los que he realizado, o uno de ellos, pues no lo compuse para los lectores, sino para canalizar de manera racional y emocional lo que supuso su muerte. Sin darme cuenta, el libro que había compuesto para mí se ha convertido en una herramienta de autoayuda para muchos lectores que han pasado por lo mismo que yo.

Lo más curioso de esto es que percibo una analogía entre este Exitus y la primera parte del Quijote (1605): ambos libros se construyeron, con la más absoluta de las libertades, para que sus autores se liberasen de sus particulares demonios, y ambos libros luego han tenido una recepción extraordinaria, salvando las distancias entre lo que ha sido y es el fenómeno literario de la novela cervantina y mi humilde huerta de palabras”.

- ¿Qué ha significado la palabra escrita en su vida?

“Todo. La palabra escrita lo es todo para mí, pues es la que me conecta con la realidad, la que me da orden al tiempo existencial que me ha tocado vivir y la que ha de sucederme cuando este tiempo existencial del que le hablo concluya. Con ella busco esa inmortalidad que todos los humanos anhelamos de una manera u otra: hay quienes la ven en sus hijos, hay quienes la forjan con sus hechos; yo, con mis palabras…

Hay un hecho, además, determinante y que muchas personas desconocen: soy sordo o, mejor dicho, mi capacidad auditiva está muy mermada. El mundo de las palabras orales se me resbala muchas veces de las manos, no logro captar todos los mensajes como una unidad cohesionada, no percibo la realidad de los sonidos con la adecuada precisión…; en consecuencia, lo que me ata a lo que me envuelve es lo que aparece escrito, lo permanente, el mensaje lleno de grafemas, palabras, oraciones, párrafos… impresos o manuscritos. Lo que el viento no se lleva es lo que suele hallar hueco en mi entendimiento”.

- En su larga trayectoria, ¿qué escritores ha tenido como referentes?

“Tres, sin duda alguna. Aunque todos los que han pasado por mis manos, para bien o para mal, me han ayudado a configurar mi estilo, mi manera de mostrar por escrito aquello que deseo que exista para que me represente y, de paso, para que te ayude como lector, siempre hablo de una tríada presidida por Cervantes; a su derecha, Gabriel García Márquez; a su izquierda, José Saramago. Ellos son el referente principal de mi escritura literaria; son la base sobre la que sostengo esas palabras escritas que luego, cuando me adentro en textos académicos, complementa otra tríada sagrada para mí: Martín de Riquer, Francisco Rico y Fernando Savater. En todas mis obras están presentes los tres primeros; en mis trabajos académicos, los seis. Me siento bien acompañado, como puede imaginarse”.

- Un libro del que hubiese deseado ser su autor.

“Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, sin duda alguna. A pesar de tenerlo en un altar o quizás por eso, no lo sé muy bien, jamás me he atrevido a escribir nada sobre él. Me da miedo, me retuerce el alma hasta dejar exánime. Acudo a él con devoción, como si fuese a iniciar un ancestral ritual mágico que me conecta con el origen mismo de mi estirpe, que, como las de todos nosotros, se remontan al inicio de los tiempos.

Sé que cabría esperar por muchos que respondiese el Quijote, pero mi acceso a esta obra se ha fraguado de otra manera: yo crecí con el Quijote, aprendía escribir con esta obra y, sin duda, serán sus páginas las últimas que tenga que leer antes de morir. Toda mi vida se ha construido sobre una experiencia vívida de la novela cervantina; luego, forma parte de mi universo, de lo que soy y, en consecuencia, de aquello que no puedo crear como autor sin que parezca que me estoy autoescribiendo… Pero Cien años de soledad entró de otra manera. Llegó como una revelación sagrada que solo pude entender gracias a que mi vida se había forjado sobre el mito literario del Quijote. Sé que puede resultar un poco complejo todo esto, pero mis horas se construyen sobre textos, sobre palabras, y eso hace que todo lo que me envuelva tenga que obedecer a una suerte de orden no escrito sobre preferencias, jerarquías, obras de la banda de acá y de la de allá, escrituras vitales y escrituras pasajeras…”

- Dedicó un libro, Lecturas civiles (Beginbook, 2012), al acercamiento y comprensión de documentos como la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos del niño y la Constitución de 1978. ¿Este libro es quizá una evidencia de un instinto pedagógico que emana de usted o es simplemente un producto de su oficio como docente?

“Tengo la inmensa fortuna de trabajar en lo que me gusta: soy profesor de Lengua castellana y Literatura en un instituto de Secundaria, lo que me permite abordar el valor de la palabra a los jóvenes que, a medio plazo, tomarán el testigo que les dejemos. Es cierto que, como muchos compañeros, puedo limitarme a enseñar el manejo del idioma a mi alumnado y, de paso, si hay tiempo, puedo intentar que amplíen un poquito su bagaje cultural con la literatura. Si solo hiciese eso, ya tendría bien ganado mi sueldo; pero soy un ciudadano, repito, un ciudadano, una entidad humana y social que no puede prescindir, quizás por ese instinto pedagógico al que se refiere, de mostrar a mi alumnado y, de paso, a cuantos consideren que les corresponde esta identificación cuáles son las reglas de juego del mundo que les ha tocado vivir. Lo hago por instinto pedagógico, sí, pero también como denuncia ante las autoridades educativas, pues es muy triste que documentos como los que enumera en su pregunta pasen absolutamente inadvertidos durante la mayor parte de la etapa de Secundaria, cuando no debería ser así.

¿Que los documentos son mejorables?, por supuesto; ¿que muchos documentos contienen puntos que merecen echarse abajo?, ¿quién lo duda?; pero no es justo ni razonable pasar por encima de ellos, ignorarlos, dejar que unos pocos sean los que controlen su alcance y mantener a nuestros jóvenes en una burbuja. ¿Es lógico que un alumno de cuarto de la ESO termine su formación básica desconociendo, como mínimo, los derechos y deberes fundamentales que recoge nuestra Constitución? ¿Es normal que nuestro alumnado -en teoría joven, idealista…- no se rebele ante el incumplimiento sistemático de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Lecturas civiles es una apuesta por que estos desajustes puedan resolverse de alguna manera. Es posible que el libro no sirva por sí mismo para la resolución, pero sí, al menos, para despertar la conciencia de que hay que hacer algo para buscar una solución a esta situación”.

- ¿Cómo se le ocurrió la idea de adaptar un clásico universal como el Quijote a nuestros días? ¿Cuántas luces de neón y adaptaciones ha incorporado?

“Acercar el Quijote a los jóvenes ha sido una de las tareas que he asumido como “misionero cervantófilo” que me considero. Imagino que en el fondo siempre hay un cierto principio filantrópico en todo lo que uno hace al respecto, pues mi propósito no es otro que el de mostrar las virtudes y la importancia de la novela cervantina para que evalúe, quien me oye o me lee, si merece la pena o no intentar la lectura de esta obra. ¿Por qué el Quijote? Pues porque creo que su lectura le va a resultar beneficiosa: le entretendrá y, al mismo tiempo, le facilitará la formulación de muchas preguntas y muchas conclusiones que le han de ayudar para su vida. Como ve, la sugerencia se sostiene sobre una base bondadosa. Por supuesto que no es obligatorio leer el Quijote para entender el mundo; se puede vivir perfectamente sin haberlo leído. Mas entre no leerlo y seguir viviendo, y leerlo y seguir viviendo, opto por lo segundo.

Estas “misiones cervantófilas” se han plasmado en muchas charlas desarrolladas en decenas de foros académicos y encuentros con escolares, en fragmentos sueltos que vieron la luz con anterioridad al que nos ocupa… Todo lo hecho hasta ahora y el convencimiento de que debía esforzarme por ofrecer una versión accesible del Quijote que pudiese abrir las puertas a los que lo desconocen y a los escépticos, son los que me han conducido hasta esta adaptación; una adaptación que, bien mirada y comparada con otras, es un tanto revolucionaria, pues el planteamiento de los contenidos es singular. Este Quijote es un gran diálogo con el lector en el que le muestro aquello que considero importante de la novela y Cervantes; le arreglo en diez capítulos la primera parte de la novela (1605) y le muestro las no pocas concesiones libres (de ahí lo de “tuneado”) que me he atribuido como adaptador; y en el que comparto con él muchos complementos que ayudan y que percibo muy instructivos. Todo ello envuelto en una suerte de libertad creativa que me ha permitido sentir más mío que nunca el texto original, del que nunca se debe renegar y al que siempre pido que termine acudiendo el lector tras la lectura de la adaptación”.

- ¿Cree que textos como el Quijote gozan de un anacronismo singular? ¿Se puede trasladar su historia a nuestro tiempo?

“Si algo tiene el Quijote que no poseen otras obras de la literatura universal es su asombrosa capacidad para ubicarse en cualquier momento de la humanidad, en cualquier sociedad, ante cualquier cosmovisión… Es la obra más camaleónica de todas, pues todos los lectores, sean de la condición que sean, siempre hallan en sus páginas algo que les resulta propio, identificable, asumible… En la adaptación incluyo un decálogo de por qué leer el Quijoteque puede servir de respuesta”.

- En estos tiempos donde la palabra “crisis” ha pasado a tener un significado tan relevante, ¿qué haría nuestro hidalgo Alonso Quijano? ¿Qué armas utilizaría hoy don Quijote? ¿Sería activista de una ONG, por ejemplo?

“Alonso Quijano no haría nada. Es el símbolo de una España hidalga, ociosa, poco constructiva, anclada en el pasado y que entiende que las cosas se deben hacer “como Dios manda”, sin entrar a analizar el alcance de la realidad y las consecuencias de las acciones y las decisiones. Don Quijote, en cambio, no podría estar callado, se rebelaría… Hace unos días publiqué en mi blog (vss.sadalone.org) un artículo titulado “Un nuevo Quijote” en el que respondo, de alguna manera, a la tercera pregunta: se convertiría en un predicador civil. Invito a sus lectores a que le echen una mirada al texto para ver las razones sobre las que construyo esta conclusión”.

- ¿Quiénes serían Sancho Panza en la sociedad que nos está tocando vivir?

“Para responder a esta pregunta es necesario perfilar la figura de Sancho Panza. En la primera parte de la novela (1605), Sancho se mueve por interés: conseguir ser gobernador de un territorio a pesar de que reconoce que no sabe leer ni escribir, y que para dirigir algo se debe atesorar alguna formación. Este objetivo le lleva a ser escudero y a soportar la manta de palos, golpes y rapapolvos que recibe. Así vistas las cosas, este Sancho Panza sería una analogía de nuestros políticos actuales, del mayor porcentaje de ellos, sin duda: carentes de la adecuada formación, son capaces de recibir toda suerte de improperios y menoscabos con tal de garantizarse la parcelita de poder particular (un acta, un asiento, una nómina…).

Pero la figura de Sancho se enriquece con su visión de la realidad, con la que trata de desengañar a su amo de los molinos que él ve como gigantes; con la que ajusta los deformados castillos a lo que son, ventas; etcétera. Así visto, es este Sancho un trasunto de esos venerables que llevan pregonando desde hace tiempo, con su razonamiento sencillo pero efectivo, que no se puede gastar lo que no se tiene, que no se puede uno meter en la boca más de lo que puede masticar. Todos conocemos personas así y todos, visto el panorama, no tenemos más remedio que darles la razón”.

- ¿Quién es más Quijote, Alonso Quijano o Victoriano Santana Sanjurjo?

“Victoriano, no le quepa la menor duda: Alonso es quien le describí hace un momento; don Quijote es vida, libertad, rebelión, deseos de justicia, idealismo… Sin el espíritu quijotesco no hubiese sido posible que textos como Exitus, Lecturas civiles o este singular Quijote que nos convoca se compusiesen como se muestran, tan llenos de vida, libertad, rebelión, deseos de justicia e idealismo. Quiero que el mundo sea otro y que se encamine hacia lo que yo creo que es lo mejor: la justicia, la paz, la libertad…; y aunque sé que no conseguiré jamás esta querencia, no quiero morirme pensando que no hice lo posible por conseguirlo. Sé que un día diré: “Vámonos ya que en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”. La diferencia que hay entre don Quijote y yo es que mientras el caballero siempre albergó la esperanza de conseguir lo que se había propuesto, sin saber que terminaría fracasando; yo sé que no lograré mi deseo, aunque me niegue de momento a rendirme. Invertiré hasta mi última gota quijotesca de sangre en defender lo que considero que es lo mejor para el mundo que me ha tocado vivir”.

- ¿Ha afectado la crisis a su producción literaria o se reinventa para no morir artísticamente? Si es así, ¿cómo lo hace?

“Por fortuna, no vivo de la literatura, sino que vivo con ella; luego, la crisis no me ha impedido seguir mi ritmo creativo, ni que mis propuestas literarias sigan fluyendo. Para bien o para mal, mantengo un nivel de publicaciones anuales que no podría calificarse de pobre. En este sentido, agradezco muchísimo el apoyo y el afecto que recibo de los sellos editoriales donde publico. La libertad que me conceden y el interés hacia mis iniciativas me permiten llevar una trayectoria de ediciones que se ajusta a mis intereses. Espero que esto pueda seguir siendo así durante mucho tiempo.

Yo creo, y lo creo con firmeza, que una de las principales claves para la creatividad está en la no dependencia para la subsistencia de las subvenciones que provengan de agentes públicos. Esta exclusiva atadura es la que ha hecho que buena parte de la infraestructura cultural canaria se haya tambaleado. Quienes se salvan de la crisis son los que no dependen del favor de las administraciones e instituciones públicas, sino del favor del público, que es, en este sentido y si se le encamina de manera adecuada, el supremo juez, el que decide qué asimilar a su cosmovisión y qué dejar de lado. Desde el momento en que un autor, un artista, un creador… siente que el filo de la espada de la supervivencia está en su yugular, todo proceso creativo queda supeditado a una suerte de estado emocional angustioso del que pocas cosas terminan saliendo como deberían, pues se carece de la necesaria libertad, y sin libertad o, mejor dicho, sin la plena conciencia de ella, no hay nada.

En esta adaptación hay un apartado titulado “Un simple hombre, un genio único”. En él subrayo la humanidad de Cervantes en cuanto que nada de lo humano le era ajeno: tenía que comer, debía dormir, podía enfermar, etc. Los artistas, los escritores, los creadores… también tienen que comer, dormir, sanarse si enferman, etc., o sea, deben atender a las menudencias propias de su condición humana. Sin ellas, no hay arte ni creación posibles. Sé que todo lo que cuento es poco poético, pero es la realidad y situarnos lejos de ella no hace que esta deje de estar presente. En cuanto se pone en riesgo la supervivencia, no hay creación ni arte que estén en disposición de ser abonados”.

- ¿Se escribe con facilidad en Canarias? O, mejor dicho, ¿se promociona como se debe al escritor canario en nuestras islas?

“Canarias es una tierra de grandes escritores anónimos, puedo dar fe de ello. Te hablo de escritores muy interesantes; personas preparadas, con un enorme talento y alejadas, de manera voluntaria, del vodevil mercantil. Hay que hacer un esfuerzo por que se conozcan, por que se pueda ofrecer algún testimonio libresco de su producción, pues están trazando surcos que ayudan a dar una personalidad muy singular a las escrituras que nos representan. Hay que convencerles de que están por encima del negocio de cuatro o cinco que lo acaparan todo.

En este sentido, hay que apostar por una política del libro que facilite el conocimiento de nuevos autores, nuevos formatos literarios, nuevos experimentos…; una política con mayor disponibilidad hacia el “no” al consagrado y hacia el “sí” al que merece ser leído aunque sea una sola vez. Te hablo de una política cultural que no sea repetitiva, que no nos muestre de mil maneras diferente los mismos textos de los mismos autores, sino que busque la novedad, que sirva de plataforma para que la sociedad tenga la ocasión de conocer nuevos rostros, nuevas expresiones, nuevas inquietudes… Una política, en suma, volcada en el cumplimiento de la igualdad de oportunidades y no en la promoción de unos pocos que, sin dejar de reconocer sus méritos, bloquean el acceso a otros autores.

Te expongo con grandes trazos uno de los problemas más graves que percibo en las instituciones públicas culturales de nuestra tierra; hay otros (la promoción, la difusión…) que también tienen su “pero” y que prefiero que abordar en otro momento. Sé que estos son tiempos complicados, tiempos difíciles por las circunstancias económicas, pero entiendo que la iniciativa cultural de una sociedad no debe quedar a merced de la empresa privada, que es la que, al día de hoy, está posibilitando que algunos rostros nuevos aparezcan (¡y menos mal!). Las administraciones deben permitir que las semillas se siembren y florezcan; y que luego el talento y los caminos hagan de recolectores. Imagino, repito, que estas cuestiones deben abordarse en foros más específicos y que en el espacio de una entrevista como la que nos ocupa deben tener el hueco justo y poco más. Me dejo muchas cuestiones en el tintero, mas espero tener la oportunidad, en otro momento, de dar cuenta de ellas…”

- ¿Tiene en mente su próximo libro? ¿Qué proyectos tiene en la recámara?

“Como muy bien sabe, ahora mismo participo en un megaproyecto editorial que pretende ofrecer a la sociedad canaria, en general, y, en particular, al gremio musical lo que cabe identificar como la obra esencial del compositor Francisco Brito Báez. Compagino mi participación en la edición de este proyecto con una serie de libros que, como los aviones en los aeropuertos de llegada, deberán ir aterrizando en breve. Lo que más me ocupa ahora mismo es el segundo tomo de la Obra esencial de Francisco Brito Báez que verá la luz en mayo; el tercer tomo saldrá en diciembre de este mismo año. En junio, publicaré la segunda edición, que será una primera en realidad, del Vademécum del Ámbito de Comunicación de los PCPI en Canarias, que vio la luz en septiembre del año pasado y que ahora se ofrece nuevamente corregido, aumentado y mejorado. También espero tener en junio la edición, introducción y notas de un libro de relatos y otras composiciones de un extraordinario autor grancanario, Julio Pérez Tejera, todo un descubrimiento que merece ser apoyado y difundido. El verano se presenta completito: una antología literaria para septiembre y dos iniciativas editoriales más sobre las que ya iré dando cuenta a sus lectores.

Y en medio de tantas cosas personales, espero seguir disfrutando con mi labor de mediación editorial. Hay algunos libros en los que participo como editor y que confío en que vayan aterrizando poco a poco. Dos de los títulos que más me ilusionan están previstos para el último trimestre del año. Sé que sorprenderán, de ahí que no vea la hora de que llegue el verano para ir consolidándolos, dándoles forma…”

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